viernes, 9 de abril de 2010

Tiempos felices

"Hay gente que tiene suerte". Considero que la suerte cambia su destino constantemente, saltando de un individuo a otro. Cuando una persona la tiene consigo, los problemas brillan por su ausencia. Esto, muchas veces, provoca que una sensación de felicidad brote descaradamente, siendo imposible reprimir una sonrisa en cualquier tiempo y espacio. Y me encanta. Cuando uno esta en paz consigo mismo, es feliz viendo que las demás personas también lo son. Caso contrario, lo que brota es la envidia. Pero ese es otro tema.

La suerte no viaja aislada. Hace mucho tiempo que dejó a la soledad de lado para hacerse amiga del positivismo. Esto es que una persona no solamente es invadida por la suerte, que trae aparejada muchas sonrisas sorpresivas, sino que a su vez, la persona en cuestión se convierte en un individuo socialmente "positivo". Bien creo que todo se trata de un juego de reciprocidad: si uno encara los asuntos con energía, no solo logra contagiar al resto, sino que tiene mayor probabilidad de concretar su objetivo. Este objetivo se convierte en suerte, en felicidad y por último, en más positivismo.

Hay un dicho esperanzador para aquellos momentos carentes de esta dicha: "Después de algo malo, siempre llega algo bueno". Me pregunto si cuando nos pasan cosas buenas tenemos que estar atentos a una posible derrota. De ser así, se disipa la alegría, surge el estado de alerta.

Yo por mi parte prefiero aprovechar de esos toques mágicos que tanto nos cuesta conseguir. Después de todo, para preocuparse siempre hay tiempo.