lunes, 18 de octubre de 2010

¿Sobre qué se escribe cuando no se sabe sobre qué escribir?

Tengo ganas de escribir. Pero cuando pienso sobre qué puedo escribir no se me ocurre nada.

Soy una fiel admiradora de aquellos autores de extensas novelas que logran crear que página tras página los lectores nos quedemos sin aliento y queramos conocer el final de la obra. Aquellos que nos impulsan a querer saber más.

En el cine ocurre algo parecido. Digo parecido porque, con todo respeto, no logro equiparar el arte audiovisual con el arte literario. Pero claro, ese es otro tema. Prosigo.

"Buried", de Rodrigo Cortés, es un ejemplo de como se puede decir mucho con poco soporte y mucho ultra fondo. Esto es, cero escenografía, cero vestuario, cero presupuesto, gran película, gran actuación, gran sonido, gran dirección. Y es ahí donde viene la comparación. Más allá que recomiendo ver esta película, apunto a comparar el trabajo que hace el director y el de un autor de un libro: poco se muestra, mucho se dice.

He aquí la respuesta a mi pregunta: a veces, todo comienza de la nada. De no saber qué decir o cómo decirlo. Pero hay algo que es fundamental, y son las ganas de hacer algo, de expresarse de alguna forma. Eso hace grandes a los genios de la literatura: son apasionados de la palabra escrita, la transmisión de contenidos y la creación de pensamientos.

Y lo hacen.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una mina de bronce. Unos tipos de oro.

En época de Premios Nobel, en época de campañas políticas y en tiempos de violencia callejera cotidiana, cabe destacar la unión y la cooperación por el rescate de 33 seres humanos.

Seguramente la iglesia hable del número sagrado o los supersticiosos comenten sobre el Nº13, pero hoy nada de eso tiene importancia. Hoy se demostró, más allá de los acuerdos políticos, económicos y sociales, que el trabajo en conjunto por el bien común es posible. Hoy se demostró que la paciencia tiene su recompensa. Hoy se demostró que se puede soñar con al menos una porción de mundo mejor.

17 días bajo la inmensa incertidumbre de saber si aún los buscaban. 52 días bajo tierra, respirando humedad. 1 día esperando ver la luz. No son abogados, ni contadores, ni ingenieros. Son mineros, y supieron demostrar que son inteligentes, audaces, capaces.

Ayer a las 00.04hs estuve pegada al televisor como muchos otros. Ayer estuve con la piel de gallina y con los nervios de punta como muchos otros. Pero ayer, yo estaba recostada en mi cama, mientras muchos otros estaban encerrados en una mina, subiendo o bajando por un tubo infinito, sufriendo por amigos, por un familiar.

Ayer sentí miedo. Sentí felicidad. Sentí impotencia y sentí orgullo. Realmente me parece que vale la pena destacar el esfuerzo de los rescatistas, de los políticos, de los familiares y por supuesto, de los 33 mineros con nombre y apellido que hicieron que sus vidas valgan la pena y luchar por ellas.

Más allá de un hecho histórico e increíble, me parece que es un hermoso tributo a lo que el hombre puede hacer si se piensa con la cabeza y se siente con el corazón. Esperemos que sirva de ejemplo para muchos y que se aplique en el día a día y no únicamente en hechos como este, que justamente, son históricos.

Si abrimos los ojos, podemos hacer "milagros" a la vuelta de la esquina.