Tengo ganas de escribir. Pero cuando pienso sobre qué puedo escribir no se me ocurre nada.
Soy una fiel admiradora de aquellos autores de extensas novelas que logran crear que página tras página los lectores nos quedemos sin aliento y queramos conocer el final de la obra. Aquellos que nos impulsan a querer saber más.
En el cine ocurre algo parecido. Digo parecido porque, con todo respeto, no logro equiparar el arte audiovisual con el arte literario. Pero claro, ese es otro tema. Prosigo.
"Buried", de Rodrigo Cortés, es un ejemplo de como se puede decir mucho con poco soporte y mucho ultra fondo. Esto es, cero escenografía, cero vestuario, cero presupuesto, gran película, gran actuación, gran sonido, gran dirección. Y es ahí donde viene la comparación. Más allá que recomiendo ver esta película, apunto a comparar el trabajo que hace el director y el de un autor de un libro: poco se muestra, mucho se dice.
He aquí la respuesta a mi pregunta: a veces, todo comienza de la nada. De no saber qué decir o cómo decirlo. Pero hay algo que es fundamental, y son las ganas de hacer algo, de expresarse de alguna forma. Eso hace grandes a los genios de la literatura: son apasionados de la palabra escrita, la transmisión de contenidos y la creación de pensamientos.
Y lo hacen.
lunes, 18 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
Una mina de bronce. Unos tipos de oro.
En época de Premios Nobel, en época de campañas políticas y en tiempos de violencia callejera cotidiana, cabe destacar la unión y la cooperación por el rescate de 33 seres humanos.
Seguramente la iglesia hable del número sagrado o los supersticiosos comenten sobre el Nº13, pero hoy nada de eso tiene importancia. Hoy se demostró, más allá de los acuerdos políticos, económicos y sociales, que el trabajo en conjunto por el bien común es posible. Hoy se demostró que la paciencia tiene su recompensa. Hoy se demostró que se puede soñar con al menos una porción de mundo mejor.
17 días bajo la inmensa incertidumbre de saber si aún los buscaban. 52 días bajo tierra, respirando humedad. 1 día esperando ver la luz. No son abogados, ni contadores, ni ingenieros. Son mineros, y supieron demostrar que son inteligentes, audaces, capaces.
Ayer a las 00.04hs estuve pegada al televisor como muchos otros. Ayer estuve con la piel de gallina y con los nervios de punta como muchos otros. Pero ayer, yo estaba recostada en mi cama, mientras muchos otros estaban encerrados en una mina, subiendo o bajando por un tubo infinito, sufriendo por amigos, por un familiar.
Ayer sentí miedo. Sentí felicidad. Sentí impotencia y sentí orgullo. Realmente me parece que vale la pena destacar el esfuerzo de los rescatistas, de los políticos, de los familiares y por supuesto, de los 33 mineros con nombre y apellido que hicieron que sus vidas valgan la pena y luchar por ellas.
Más allá de un hecho histórico e increíble, me parece que es un hermoso tributo a lo que el hombre puede hacer si se piensa con la cabeza y se siente con el corazón. Esperemos que sirva de ejemplo para muchos y que se aplique en el día a día y no únicamente en hechos como este, que justamente, son históricos.
Si abrimos los ojos, podemos hacer "milagros" a la vuelta de la esquina.
Seguramente la iglesia hable del número sagrado o los supersticiosos comenten sobre el Nº13, pero hoy nada de eso tiene importancia. Hoy se demostró, más allá de los acuerdos políticos, económicos y sociales, que el trabajo en conjunto por el bien común es posible. Hoy se demostró que la paciencia tiene su recompensa. Hoy se demostró que se puede soñar con al menos una porción de mundo mejor.
17 días bajo la inmensa incertidumbre de saber si aún los buscaban. 52 días bajo tierra, respirando humedad. 1 día esperando ver la luz. No son abogados, ni contadores, ni ingenieros. Son mineros, y supieron demostrar que son inteligentes, audaces, capaces.
Ayer a las 00.04hs estuve pegada al televisor como muchos otros. Ayer estuve con la piel de gallina y con los nervios de punta como muchos otros. Pero ayer, yo estaba recostada en mi cama, mientras muchos otros estaban encerrados en una mina, subiendo o bajando por un tubo infinito, sufriendo por amigos, por un familiar.
Ayer sentí miedo. Sentí felicidad. Sentí impotencia y sentí orgullo. Realmente me parece que vale la pena destacar el esfuerzo de los rescatistas, de los políticos, de los familiares y por supuesto, de los 33 mineros con nombre y apellido que hicieron que sus vidas valgan la pena y luchar por ellas.
Más allá de un hecho histórico e increíble, me parece que es un hermoso tributo a lo que el hombre puede hacer si se piensa con la cabeza y se siente con el corazón. Esperemos que sirva de ejemplo para muchos y que se aplique en el día a día y no únicamente en hechos como este, que justamente, son históricos.
Si abrimos los ojos, podemos hacer "milagros" a la vuelta de la esquina.
viernes, 25 de junio de 2010
Pensando vivimos
Pensar es crear. Crear es arte. Cada uno piensa a su manera, como quiere. Como bien sabemos, aunque esta acción se realiza todo el día, no necesariamente se trata de un acto conciente. Sin embargo, al ser una acción privada, interna, cada hombre tiene la libertad de otorgarle a sus pensamientos el sentido que quiera. Y esto, es ley.
Cuando leo un libro, pienso lo que el autor me está narrando. Pienso, imagino. Y lo hago en dos sentidos: en el que el escritor y sus protagonistas quieren que imagine, y en el mio propio. Esta es una de las grandes maravillas de la lectura. Más allá de la ausencia de imagen, mi mente viaja a través de un laberinto construido entre el sentido del texto y mis experiencias previas. Volviendo un poco, entonces, un sólo autor que escribe un sólo libro crea tantas lecturas, sensaciones y experiencias como destinatarios tenga su escritura.
Esto me lleva a pensar que en este momento yo puedo estar leyendo el mismo relato que una persona en otro espacio físico y temporal, sintiendo las mismas sensaciones y aprendiendo algo totalmente distinto, porque ese aprendizaje se adaptará a mi realidad. Luego, se convertirá en algo nuevo: ya sea para almacenarlo en mi memoria, transmitirlo a un familiar o bien crear algo nuevo. Cualquier cosa, las posibilidades son infinitas.
¿Qué pensaría yo si leyera los mismos libros que alguna vez leyó Da Vinci? ¿Qué sentiría si viviera experiencias similares a Cervantes? Cada pensamiento es un mundo, y ese mundo, es arte.
Cuando leo un libro, pienso lo que el autor me está narrando. Pienso, imagino. Y lo hago en dos sentidos: en el que el escritor y sus protagonistas quieren que imagine, y en el mio propio. Esta es una de las grandes maravillas de la lectura. Más allá de la ausencia de imagen, mi mente viaja a través de un laberinto construido entre el sentido del texto y mis experiencias previas. Volviendo un poco, entonces, un sólo autor que escribe un sólo libro crea tantas lecturas, sensaciones y experiencias como destinatarios tenga su escritura.
Esto me lleva a pensar que en este momento yo puedo estar leyendo el mismo relato que una persona en otro espacio físico y temporal, sintiendo las mismas sensaciones y aprendiendo algo totalmente distinto, porque ese aprendizaje se adaptará a mi realidad. Luego, se convertirá en algo nuevo: ya sea para almacenarlo en mi memoria, transmitirlo a un familiar o bien crear algo nuevo. Cualquier cosa, las posibilidades son infinitas.
¿Qué pensaría yo si leyera los mismos libros que alguna vez leyó Da Vinci? ¿Qué sentiría si viviera experiencias similares a Cervantes? Cada pensamiento es un mundo, y ese mundo, es arte.
lunes, 24 de mayo de 2010
Celeste&Blanco
Durante este fin de semana espectacularmente infinito, las calles se vestieron de celeste y blanco. Cual acto de 1° grado, tuvimos presentes a la patria en todo momento: una calle mundial del centro se transformó en el centro del universo en donde se transmitió un partido pre mundial. Ni que hablar de las banderas, escarapelas, escudos, publicidades, felicitaciones, reconocimientos y demás de los que fuimos testigos estos días.
Pero algo que me llamó la atención es cómo en un país pobre, que en medio de tanta crisis, se pudo lograr que miles de voces se unieran para cantar una chacarera desconocida o para gritar un gol de Carlitos.
Desconozco aún mi postura hacia la celebración de un Bicentenario que trae aparejado tantas discordias políticas. Pero al fin y al cabo, qué cosa no las trae. ¿La verdad? Hace mucho que no disfrutaba algo tan argentino.
Pero algo que me llamó la atención es cómo en un país pobre, que en medio de tanta crisis, se pudo lograr que miles de voces se unieran para cantar una chacarera desconocida o para gritar un gol de Carlitos.
Desconozco aún mi postura hacia la celebración de un Bicentenario que trae aparejado tantas discordias políticas. Pero al fin y al cabo, qué cosa no las trae. ¿La verdad? Hace mucho que no disfrutaba algo tan argentino.
viernes, 7 de mayo de 2010
En el reino del revés
Vamos a ver cómo es el Reino del revés.
Vivimos en una sociedad en donde lo diferente se vuelve algo negativo. No busco ser pretensiosa, pero esto es una clara afirmación. Al menos lo es para mí. No hay lugar para lo exótico, y esto más que una moda, ya es una tendencia.
La superficialidad se está convirtiendo poco a poco en el eje esquemático de la cultura popular. Y con popular no me refiero a las clases bajas. Nada de eso. Popular es masividad, es cotidianidad, es nosotros. Planteo esto, porque no puedo dejar de observar que los valores se van perdiendo por un pozo profundo que no parece tener salida. Mi intensión no es repetir el discurso de una vieja resentida cuando se sube al colectivo de mal humor un lunes a la mañana, no. Solo hago un cuestionamiento. Incluso, planteármelo a mí misma.
Ojalá algún día nos volvamos curiosos, queramos aprender más y entendamos que (si la aprovechamos) nuestra mente sirve para mucho más de lo que la usamos. Podemos ser vivos sin dejar de ser inteligentes.
Quedarnos con la superficie es ver solamente la punta del iceberg. Y hundirse. Todavía tenemos tiempo para pegar el volantazo.
Vivimos en una sociedad en donde lo diferente se vuelve algo negativo. No busco ser pretensiosa, pero esto es una clara afirmación. Al menos lo es para mí. No hay lugar para lo exótico, y esto más que una moda, ya es una tendencia.
La superficialidad se está convirtiendo poco a poco en el eje esquemático de la cultura popular. Y con popular no me refiero a las clases bajas. Nada de eso. Popular es masividad, es cotidianidad, es nosotros. Planteo esto, porque no puedo dejar de observar que los valores se van perdiendo por un pozo profundo que no parece tener salida. Mi intensión no es repetir el discurso de una vieja resentida cuando se sube al colectivo de mal humor un lunes a la mañana, no. Solo hago un cuestionamiento. Incluso, planteármelo a mí misma.
Ojalá algún día nos volvamos curiosos, queramos aprender más y entendamos que (si la aprovechamos) nuestra mente sirve para mucho más de lo que la usamos. Podemos ser vivos sin dejar de ser inteligentes.
Quedarnos con la superficie es ver solamente la punta del iceberg. Y hundirse. Todavía tenemos tiempo para pegar el volantazo.
viernes, 9 de abril de 2010
Tiempos felices
"Hay gente que tiene suerte". Considero que la suerte cambia su destino constantemente, saltando de un individuo a otro. Cuando una persona la tiene consigo, los problemas brillan por su ausencia. Esto, muchas veces, provoca que una sensación de felicidad brote descaradamente, siendo imposible reprimir una sonrisa en cualquier tiempo y espacio. Y me encanta. Cuando uno esta en paz consigo mismo, es feliz viendo que las demás personas también lo son. Caso contrario, lo que brota es la envidia. Pero ese es otro tema.
La suerte no viaja aislada. Hace mucho tiempo que dejó a la soledad de lado para hacerse amiga del positivismo. Esto es que una persona no solamente es invadida por la suerte, que trae aparejada muchas sonrisas sorpresivas, sino que a su vez, la persona en cuestión se convierte en un individuo socialmente "positivo". Bien creo que todo se trata de un juego de reciprocidad: si uno encara los asuntos con energía, no solo logra contagiar al resto, sino que tiene mayor probabilidad de concretar su objetivo. Este objetivo se convierte en suerte, en felicidad y por último, en más positivismo.
Hay un dicho esperanzador para aquellos momentos carentes de esta dicha: "Después de algo malo, siempre llega algo bueno". Me pregunto si cuando nos pasan cosas buenas tenemos que estar atentos a una posible derrota. De ser así, se disipa la alegría, surge el estado de alerta.
Yo por mi parte prefiero aprovechar de esos toques mágicos que tanto nos cuesta conseguir. Después de todo, para preocuparse siempre hay tiempo.
La suerte no viaja aislada. Hace mucho tiempo que dejó a la soledad de lado para hacerse amiga del positivismo. Esto es que una persona no solamente es invadida por la suerte, que trae aparejada muchas sonrisas sorpresivas, sino que a su vez, la persona en cuestión se convierte en un individuo socialmente "positivo". Bien creo que todo se trata de un juego de reciprocidad: si uno encara los asuntos con energía, no solo logra contagiar al resto, sino que tiene mayor probabilidad de concretar su objetivo. Este objetivo se convierte en suerte, en felicidad y por último, en más positivismo.
Hay un dicho esperanzador para aquellos momentos carentes de esta dicha: "Después de algo malo, siempre llega algo bueno". Me pregunto si cuando nos pasan cosas buenas tenemos que estar atentos a una posible derrota. De ser así, se disipa la alegría, surge el estado de alerta.
Yo por mi parte prefiero aprovechar de esos toques mágicos que tanto nos cuesta conseguir. Después de todo, para preocuparse siempre hay tiempo.
martes, 30 de marzo de 2010
A través del espejo
Viajo mañana, por eso hoy vinieron a saludarme. No es que la casa esté llena, pero varios familiares y amigos se acercaron a despedirme. Me miran, me dan consejos, me piden que les escriba. Respondo con una sonrisita poco comprometedora, no quiero atarme a tener que hacerlo.
Llegué. Las cosas me resultan un poco confusas. ¿Puede ser que las respuestas que busco no las encuentre acá? ¿Puede que no las encuentre en ningún lado? Observo este universo, el que para muchos es el paraíso, que también lo era para mí, y que ahora aparece como un gran hueco nebuloso en medio de tanta fantasía. Observo a las personas, observo todo lo que está a mi alrededor. El viento pega fuerte. No llueve, pero la humedad hace que varias mujeres estén al borde de la desesperación. Eso parece tener gran importancia en todos lados. La desesperación parte de lugares inesperados, mientras que algunas miradas tristes observan con admiración y resentimiento. Las calles colapsan, pero el mundo parece reducirse a cada uno. Muchos visten de traje, caminando apurados al ritmo que sacuden su muñeca izquierda para saber si están retrasados. Otros mueven sus cabezas en busca de algo que solo ellos conocen, mientras sus palabras salen amontonadas a un interlocutor que el resto no puede divisar. Los más pequeños se concentran en contar sus figuritas o desenvolver sus golosinas, tomados de la mano de su madre que intenta parar un taxi sin éxito.
Me pregunto si esto es lo que quiero y me respondo que no. Considero la idea de continuar aprendiendo para crecer y utilizar mis palabras para mostrarle esta realidad a los que por diversos motivos no pueden mirarla. ¿Será eso lo que vine a buscar? ¿Encontraré mis respuestas en las preguntas? Una vez aprendí que no es más hábil el que contesta, sino el que sabe qué preguntar. Eso me gusta y me alienta a continuar mi camino. Me da fuerzas.
Reflexioné y descubrí que la diferencia está entre observar y mirar. Puede observarse profundamente y carecer de un pensamiento que lo acompañe. Dejarse llevar por la imagen y caer atrapado en su mundo, a diferencia de involucrarse íntegramente en ella. Muchas dudas surgen en mí. No logro entender. ¿Seremos pensantes parcialmente? ¿Existen momentos en los cuales podemos abstraernos de ello? Recorro las calles. Busco algo que me anime a responder. Luces, ruidos, colores. Reconozco que la distracción se hace presente (aunque latente) cuadra tras cuadra, pero es mia la decisión de guiarme por ella. Trato de evadirla y concentrarme en mi objetivo.
Las personas desfilan delante de mí. Cada una porta un escudo para que tan crudo entorno no entre a arruinar sus días. Creo admirarlos. Entonces reconozco el motivo por el cual muchas personas como yo querían venir aquí. ¿La gran ciudad te enseña a abstraerte del mundo? Me concentro en entender si se trata de una realidad inventada, egoísmo, falta de interés, de comprensión o cierto bloqueo de la mente.
¿La máquina nos ha vencido? Siento, huelo, percibo. Redescubro la ciudad. Prefiero buscar mis propias respuestas. Entiendo cuánto más fácil es vivir en mi mundo. Más fácil y más feliz. Me pregunto si gano algo preocupándome por cosas que nunca voy a poder cambiar. Me pregunto si tengo que ganar algo. Tal vez yo simplemente no pueda ser feliz de la misma manera que muchos otros. ¿Es eso extraño? ¿Y si nunca encontrara una respuesta a esto? Me cuesta reconocerlo, esta mirada hace que me sienta mejor persona. Siento un vacío. Un fuerte dolor invade la boca de mi estómago. Reconocerlo me hace sentir peor. Me pregunto el motivo por el que siento culpa al darme cuenta que soy una buena persona.
Tuve un sueño. El mundo se dibujaba frente a mí. Lo miraba, pero seguía mi camino. Las figuras se desvanecían a medida que avanzaba. Corrí. Corrí con una velocidad que no poseía. Todo se volvía de un blanco pálido, con algunas combinaciones de grises. Por más que mi velocidad continuaba en aumento, no parecía estar llegando a ninguna parte. Sentí miedo y me detuve abruptamente. Ahí desperté.
Salí a la vereda. Solo salí, porque me encontré inmóvil en ella. El frío congeló mis ideas y me dejé llevar tan sólo por la vista. Descubrí cosas que nunca antes había visualizado. Cruces de miradas cálidas, expresiones de preocupación en dirección a un indigente, personas ayudando a una señora que sin querer había tropezado, un joven guiando a un no vidente. Un sin fin de solidarias situaciones se presentaron a mi alrededor. ¿Y si ese era mi sueño?
El frío cesó. Una sonrisa acompañada de una lágrima apareció en mi rostro. Fue un soplo con el cual mi cuerpo entró en estado de ebullición. El mundo me abrazaba. El mundo que creí egoísta, el mismo que tenía frente a mí todo el tiempo. El que juzgué por lo mismo que me estaba dando esa alegría.
Entendí. Entendí que el bloqueo lo tenía yo, que estuvo ahí todo ese tiempo. Ese encierro tan fuerte de querer encontrar algo y ser incapaz de ver que en realidad ya existe.
No me sentí mal al descubrirlo. Tampoco pensé en dejar de preguntar. Hoy esto forma parte de mi pasado. Pasado que hoy marca mi presente. ¿Lo marca de verdad? Probablemente, si no lo hubiese escrito, me hubiese olvidado de que alguna vez me detuve a pensar esto.
Mi vida continuó su curso. Nunca más pude dejar Buenos Aires, aquella ciudad que tanto misterio trajo a mi vida, la misma que me crea pensamientos que se vuelven tan fuertes, que se vuelven fugaces y yacen en el tiempo.
Llegué. Las cosas me resultan un poco confusas. ¿Puede ser que las respuestas que busco no las encuentre acá? ¿Puede que no las encuentre en ningún lado? Observo este universo, el que para muchos es el paraíso, que también lo era para mí, y que ahora aparece como un gran hueco nebuloso en medio de tanta fantasía. Observo a las personas, observo todo lo que está a mi alrededor. El viento pega fuerte. No llueve, pero la humedad hace que varias mujeres estén al borde de la desesperación. Eso parece tener gran importancia en todos lados. La desesperación parte de lugares inesperados, mientras que algunas miradas tristes observan con admiración y resentimiento. Las calles colapsan, pero el mundo parece reducirse a cada uno. Muchos visten de traje, caminando apurados al ritmo que sacuden su muñeca izquierda para saber si están retrasados. Otros mueven sus cabezas en busca de algo que solo ellos conocen, mientras sus palabras salen amontonadas a un interlocutor que el resto no puede divisar. Los más pequeños se concentran en contar sus figuritas o desenvolver sus golosinas, tomados de la mano de su madre que intenta parar un taxi sin éxito.
Me pregunto si esto es lo que quiero y me respondo que no. Considero la idea de continuar aprendiendo para crecer y utilizar mis palabras para mostrarle esta realidad a los que por diversos motivos no pueden mirarla. ¿Será eso lo que vine a buscar? ¿Encontraré mis respuestas en las preguntas? Una vez aprendí que no es más hábil el que contesta, sino el que sabe qué preguntar. Eso me gusta y me alienta a continuar mi camino. Me da fuerzas.
Reflexioné y descubrí que la diferencia está entre observar y mirar. Puede observarse profundamente y carecer de un pensamiento que lo acompañe. Dejarse llevar por la imagen y caer atrapado en su mundo, a diferencia de involucrarse íntegramente en ella. Muchas dudas surgen en mí. No logro entender. ¿Seremos pensantes parcialmente? ¿Existen momentos en los cuales podemos abstraernos de ello? Recorro las calles. Busco algo que me anime a responder. Luces, ruidos, colores. Reconozco que la distracción se hace presente (aunque latente) cuadra tras cuadra, pero es mia la decisión de guiarme por ella. Trato de evadirla y concentrarme en mi objetivo.
Las personas desfilan delante de mí. Cada una porta un escudo para que tan crudo entorno no entre a arruinar sus días. Creo admirarlos. Entonces reconozco el motivo por el cual muchas personas como yo querían venir aquí. ¿La gran ciudad te enseña a abstraerte del mundo? Me concentro en entender si se trata de una realidad inventada, egoísmo, falta de interés, de comprensión o cierto bloqueo de la mente.
¿La máquina nos ha vencido? Siento, huelo, percibo. Redescubro la ciudad. Prefiero buscar mis propias respuestas. Entiendo cuánto más fácil es vivir en mi mundo. Más fácil y más feliz. Me pregunto si gano algo preocupándome por cosas que nunca voy a poder cambiar. Me pregunto si tengo que ganar algo. Tal vez yo simplemente no pueda ser feliz de la misma manera que muchos otros. ¿Es eso extraño? ¿Y si nunca encontrara una respuesta a esto? Me cuesta reconocerlo, esta mirada hace que me sienta mejor persona. Siento un vacío. Un fuerte dolor invade la boca de mi estómago. Reconocerlo me hace sentir peor. Me pregunto el motivo por el que siento culpa al darme cuenta que soy una buena persona.
Tuve un sueño. El mundo se dibujaba frente a mí. Lo miraba, pero seguía mi camino. Las figuras se desvanecían a medida que avanzaba. Corrí. Corrí con una velocidad que no poseía. Todo se volvía de un blanco pálido, con algunas combinaciones de grises. Por más que mi velocidad continuaba en aumento, no parecía estar llegando a ninguna parte. Sentí miedo y me detuve abruptamente. Ahí desperté.
Salí a la vereda. Solo salí, porque me encontré inmóvil en ella. El frío congeló mis ideas y me dejé llevar tan sólo por la vista. Descubrí cosas que nunca antes había visualizado. Cruces de miradas cálidas, expresiones de preocupación en dirección a un indigente, personas ayudando a una señora que sin querer había tropezado, un joven guiando a un no vidente. Un sin fin de solidarias situaciones se presentaron a mi alrededor. ¿Y si ese era mi sueño?
El frío cesó. Una sonrisa acompañada de una lágrima apareció en mi rostro. Fue un soplo con el cual mi cuerpo entró en estado de ebullición. El mundo me abrazaba. El mundo que creí egoísta, el mismo que tenía frente a mí todo el tiempo. El que juzgué por lo mismo que me estaba dando esa alegría.
Entendí. Entendí que el bloqueo lo tenía yo, que estuvo ahí todo ese tiempo. Ese encierro tan fuerte de querer encontrar algo y ser incapaz de ver que en realidad ya existe.
No me sentí mal al descubrirlo. Tampoco pensé en dejar de preguntar. Hoy esto forma parte de mi pasado. Pasado que hoy marca mi presente. ¿Lo marca de verdad? Probablemente, si no lo hubiese escrito, me hubiese olvidado de que alguna vez me detuve a pensar esto.
Mi vida continuó su curso. Nunca más pude dejar Buenos Aires, aquella ciudad que tanto misterio trajo a mi vida, la misma que me crea pensamientos que se vuelven tan fuertes, que se vuelven fugaces y yacen en el tiempo.
lunes, 22 de marzo de 2010
Afuera
A medida que voy conociendo detalles de culturas diferentes, siento descubrir un mundo nuevo, un lugar en donde cada cosa me parece sorprendente. Me es inevitable la comparación con el mundo que me rodea. A veces el paralelismo es concreto, casi evidente a mis ojos. Otras, me es imposible, por lo cual apelo a mi imaginación, en donde me veo observando esa situación como si yo misma perneciera a la escena en cuestión. Aunque no participe.
De esta manera, me permito vivir la experiencia, ampliando mi catálogo de posibilidades. Es posible que a veces ponga en tela de juicio lo que este "bien" y lo que no, aunque también aprendí que lo diferente es simplemente eso, otra manera de pensar el mundo, y que no necesariamente eso sea malo. Al fin y al cabo, la historia de la humanidad se contruye con lo que sobresale, con aquellos hechos, personas e historias que rompen con la pasiva cotidianeidad para marcar un antes y un después.
Es dificil aceptar que no estamos solos en el mundo, que todo lo que siempre fuimos no es una verdad absoluta a los ojos de otras personas. Tampoco es cuestión de pasarse la vida observando al resto dejando de lado la propia. Me parece que la clave se encuentra en un sano equilibro entre ambas. Queda en cada uno encontrar ese límite.
De esta manera, me permito vivir la experiencia, ampliando mi catálogo de posibilidades. Es posible que a veces ponga en tela de juicio lo que este "bien" y lo que no, aunque también aprendí que lo diferente es simplemente eso, otra manera de pensar el mundo, y que no necesariamente eso sea malo. Al fin y al cabo, la historia de la humanidad se contruye con lo que sobresale, con aquellos hechos, personas e historias que rompen con la pasiva cotidianeidad para marcar un antes y un después.
Es dificil aceptar que no estamos solos en el mundo, que todo lo que siempre fuimos no es una verdad absoluta a los ojos de otras personas. Tampoco es cuestión de pasarse la vida observando al resto dejando de lado la propia. Me parece que la clave se encuentra en un sano equilibro entre ambas. Queda en cada uno encontrar ese límite.
viernes, 19 de marzo de 2010
Palabras para rato
Hoy escuché hablar de la invensión de la imprenta y me quedé pensando. Más allá del hecho evidente de la masificación de la escritura y la lectura, la imprenta fue un antes y un después en la vida del hombre. Pero eso ya lo sabemos. Sin embargo, yo me detuve a pensar cómo hubiese sido vivir antes del siglo XV. O mejor, cómo sería viajar a esa época con nuestras comodidades contemporáneas.
No quiero referirme a tecnologías avanzadas ni a ninguna otra expresión del capitalismo, sino al poder de la palabra. No tener forma de expresarme por escrito sería uno de mis mayores problemas, no por no poder redactar (no perdería mis conocimientos), sino porque nadie podría comprender mis palabras. Ni que hablar de no tener nada para leer.
Recordé a Coehlo enseñando a sus lectores a través de El Zahir que por aquellos tiempos (carentes de la palabra escrita) historias de todo tipo se transmitían de forma oral. A pesar de saber esto con anterioridad, lo que llamó mi atención es que las historias no portaban nombres ni fechas, de modo que solo se recuerden para ser transmitidas sin esforzar a la mente. Esto permitía que la memoria no los traicionara, y así la historia quedaría lo más parecido posible a la original.
Creo que hoy en día hago tanto esfuerzo por recordar detalles que por momentos no recuerdo que lo que verdaderamente importa es la esencia de las cosas. Esencia que se crea a través de cada punto de vista. ¿Qué pasaría si expresara mis puntos de vista? Mi mente tendría más lugar para almacenar lo que realmente importa y me enriquecería con las esencias de los demás.
No quiero referirme a tecnologías avanzadas ni a ninguna otra expresión del capitalismo, sino al poder de la palabra. No tener forma de expresarme por escrito sería uno de mis mayores problemas, no por no poder redactar (no perdería mis conocimientos), sino porque nadie podría comprender mis palabras. Ni que hablar de no tener nada para leer.
Recordé a Coehlo enseñando a sus lectores a través de El Zahir que por aquellos tiempos (carentes de la palabra escrita) historias de todo tipo se transmitían de forma oral. A pesar de saber esto con anterioridad, lo que llamó mi atención es que las historias no portaban nombres ni fechas, de modo que solo se recuerden para ser transmitidas sin esforzar a la mente. Esto permitía que la memoria no los traicionara, y así la historia quedaría lo más parecido posible a la original.
Creo que hoy en día hago tanto esfuerzo por recordar detalles que por momentos no recuerdo que lo que verdaderamente importa es la esencia de las cosas. Esencia que se crea a través de cada punto de vista. ¿Qué pasaría si expresara mis puntos de vista? Mi mente tendría más lugar para almacenar lo que realmente importa y me enriquecería con las esencias de los demás.
jueves, 18 de marzo de 2010
Desafío personal
Hace unos días se me vino a la cabeza la idea de escribir un blog. Toda la vida me gustó escribir, pero una cosa es escribir para uno y otra muy distinta es compartirlo con el mundo. Sentí ganas de compartir historias, experiencias y pensamientos acerca de muchas cosas. Parecía fácil. Hasta que llegó el momento de crearlo. Quería hablar de tantas cosas que, como muchas veces suele pasarme y a otras personas le pasará, no podía empezar con ninguna.
La frustración que pensé que iba a asomarce no apareció. En su lugar me llené de expectativas. Me lo tomé como un desafío personal.
Si bien suelo ser muy organizada en muchos aspectos de mi vida, hay cosas que aparecen en un instante y llaman tanto mi atención que no puedo hacer otra cosa hasta no resolverlo. Mi mente se complica haciendo cálculos, listas, elecciones y des-elecciones en todo momento libre (y en no tan libres también).
Empezar un blog me causó esto. Ni siquiera empezarlo, sino pensarlo. Pero es algo que quiero hacer: compartir, aprender, intercambiar y sentir que mi memoria puede descansar por un rato.
La frustración que pensé que iba a asomarce no apareció. En su lugar me llené de expectativas. Me lo tomé como un desafío personal.
Si bien suelo ser muy organizada en muchos aspectos de mi vida, hay cosas que aparecen en un instante y llaman tanto mi atención que no puedo hacer otra cosa hasta no resolverlo. Mi mente se complica haciendo cálculos, listas, elecciones y des-elecciones en todo momento libre (y en no tan libres también).
Empezar un blog me causó esto. Ni siquiera empezarlo, sino pensarlo. Pero es algo que quiero hacer: compartir, aprender, intercambiar y sentir que mi memoria puede descansar por un rato.
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