Vamos a ver cómo es el Reino del revés.
Vivimos en una sociedad en donde lo diferente se vuelve algo negativo. No busco ser pretensiosa, pero esto es una clara afirmación. Al menos lo es para mí. No hay lugar para lo exótico, y esto más que una moda, ya es una tendencia.
La superficialidad se está convirtiendo poco a poco en el eje esquemático de la cultura popular. Y con popular no me refiero a las clases bajas. Nada de eso. Popular es masividad, es cotidianidad, es nosotros. Planteo esto, porque no puedo dejar de observar que los valores se van perdiendo por un pozo profundo que no parece tener salida. Mi intensión no es repetir el discurso de una vieja resentida cuando se sube al colectivo de mal humor un lunes a la mañana, no. Solo hago un cuestionamiento. Incluso, planteármelo a mí misma.
Ojalá algún día nos volvamos curiosos, queramos aprender más y entendamos que (si la aprovechamos) nuestra mente sirve para mucho más de lo que la usamos. Podemos ser vivos sin dejar de ser inteligentes.
Quedarnos con la superficie es ver solamente la punta del iceberg. Y hundirse. Todavía tenemos tiempo para pegar el volantazo.
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