Octubre es el mes de la balanza, el momento del equilibrio. Si fuese posible contar con una máquina que nos permita enfocar con “zoom” al enorme peso que trae octubre, para luego reducirlo hasta verlo rodeado de los meses que quedan hasta llegar a él, veríamos la saturación laberíntica del camino que desemboca en la llegada primaveral.
El año electoral empezó a correr de la poderosa mano de los medios. Tapas, títulos y entrevistas focalizadas en las urnas de octubre son actualmente el centro de la escena, cual calco de todo año electivo. Sin embargo, mientras muchos parecen preocuparse solamente por su estrategia política, o de juntar aliados en el camino, el país sigue su curso como todos los días. Siguen los mismos vacíos de siempre, quedando mucho más que simples problemas a resolver.
Mientras muchos esperan alcanzar la cumbre estatal, otros esperan una respuesta. Tal es así, que los grandes diarios argentinos (léase La Nación, léase Clarín) dedican un basto número de titulares a mostrar las falencias del gobierno, agotando todo recurso posible para descubrir sus negociados. Ser la oposición no basta en un país en donde la lucha por el poder no está representada por la política, sino que la política se vuelve el escenario en donde se desarrolla una violenta batalla. Algunos prefieren mantenerse al margen, haciendo oídos sordos, deteniéndose únicamente a mirarse a sí mismo, como si gobernar no significase mirar alrededor y detectar lo que el pueblo pide a gritos. Pero, ¿qué es lo que demanda el pueblo? ¿Seguridad? Sí, claro que exige seguridad. Pero seguridad no significa llenar las calles de policías, de “guardianes del orden”, significa asegurar la continuidad, significa que todo ciudadano tenga la oportunidad de transitar su vida en dignidad, pudiendo cumplir con sus deberes al serle otorgados sus derechos acorde a la ley. La ecuación es simple: si cada uno encuentra un lugar en la sociedad de la que es parte, siendo que la palabra “lugar” está representada por trabajo, educación, alimentación, vivienda e identidad, el nivel de inseguridad, baja. ¿No es esa la mejor campaña política? ¿Por qué gastar tantas energías en discutir quién es el mejor? Si quienes luchan por ocupar la banca todopoderosa ya tienen su lugar, ¿por qué no aprovechar los 4 años para demostrar que sus promesas no son una simple luz al fondo del camino y utilizarlo como la principal herramienta de campaña?
Está claro que algunos lo notan y hacen uso de ella. Son esos mismos actores los que vuelven a encabezar las encuestas. Otros, en cambio, avanzan por un camino en donde la “gestión” alcanza para conquistar a sus fieles seguidores, eternos enamorados de la libertad de culpa. Pese a esto, todos los actores sociopolíticos se ven unificados por una misma calle, la diferencia reside entre quienes ven y quienes miran.
El acostumbramiento no es buena compañía en una sociedad en donde lo diferente se vuelve algo negativo. Hay que transformar a la curiosidad en ganador y al aprender en la meta. Quedarnos con la superficie es ver solamente la punta del iceberg. Y hundirse. Todavía hay tiempo para pegar el volantazo. El pueblo argentino necesita esperanzas, y ya vengan desde la derecha o desde la izquierda del callejón, las necesita ahora. Octubre marcará el futuro, pero el tiempo corre en presente.
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Muy bueno, me encanta! te felicito gordu..
ResponderEliminarte amoo
Gracias Bu!
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