miércoles, 9 de marzo de 2011

Crónica de un reencuentro anunciado

En la semana en donde el cine ganó protagonismo, es inevitable pensar a la política argentina como el primer candidato al Oscar, si fuese posible su participación. Esto se debe a que en nuestro país, prácticamente la totalidad de los hechos que a esta arena refieren se ven atravesados por los medios de comunicación. Claro está que se le añade una dosis de drama debido a la magnitud que significan.

Cabe adjetivar a cada suceso como “famoso” para entender tal comportamiento. El avión, el tren y las colectoras, todos y cada uno de ellos son definibles por sí solos, no requieren de mayor explicación para comprender a qué hecho de la agenda se hace referencia. La mediatización de la política se ha convertido en la novela más vista por los argentinos, en donde cada capítulo retoma al anterior pero su guión se torna tan apasionante que su predicción se vuelve imposible. En medio de este análisis, es posible incluir el comienzo del ciclo lectivo, en donde mes a mes la disputa se agrava, siendo los alumnos los terceros en discordia.

Sin embargo, es interesante destacar un acontecimiento en particular: el inicio del año legislativo, en donde en medio de una gran puesta en escena, con millones de televidentes en vivo y en directo, se realizó el encuentro más esperado de la televisión argentina. En plena sesión inaugural del parlamento, el contenido pasó a un segundo plano tanto para sus oradores como para la prensa. El foco de atención residió en la disputa abierta entre Cristina y kirchneristas versus Cobos y cobistas.

Luego de largos períodos de políticas ardientes, se pudo ver a la Presidenta sentada al lado de su principal enemigo, a quién apenas saludo al adentrarse en el Congreso. Pero dicho acontecimiento no fue un hecho aislado. Tal como se predecía, la batalla continúo durante la jornada, motivo de festín para todo tipo de periodistas. Todas las tapas de los periódicos como los principales títulos de los medios audiovisuales estaban hechos por sí mismos.

Por otro lado, es necesario analizar cómo en pleno año electoral en donde el oficialismo lleva la delantera pese (o debido) a la inalcanzable tarea mediática por bajarlo del trono, la oposición parece bajar aún más su perfil, desaprovechando toda oportunidad de resurgimiento. Julio Cobos se muestra respetuoso, no confronta a Cristina de manera directa. ¿Por qué no planta bandera postulándose como un claro adversario? ¿Es un acto de caballerosidad, o bien uno de cobardía el hecho de no ponerse la camiseta y salir a ganar el partido de la oposición?

La Presidenta continúa con su discurso acelerado, sigue corriendo. Su discurso confrontativo ha demostrado que no le teme a las cámaras, al público o al qué dirán. Sus valores siguen firmemente estacados en el centro de su mandato. Pese al fallecimiento de su marido, el ex Presidente Néstor Kirchner, ella se mantiene al frente del movimiento de mayor relevancia política actual.

En la vereda de enfrente, el vicepresidente se dice capaz de tomar las riendas y conducir a la derrota de ese fuerte kirchnerismo. El problema, sin embargo, se encuentra en el momento en que acalla su propia voz, allí donde desliza las riendas. La carrera electoral solo podrá ganarla si abandona el galope y, a paso firme, comienza a trotar.

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