martes, 30 de marzo de 2010

A través del espejo

Viajo mañana, por eso hoy vinieron a saludarme. No es que la casa esté llena, pero varios familiares y amigos se acercaron a despedirme. Me miran, me dan consejos, me piden que les escriba. Respondo con una sonrisita poco comprometedora, no quiero atarme a tener que hacerlo.

Llegué. Las cosas me resultan un poco confusas. ¿Puede ser que las respuestas que busco no las encuentre acá? ¿Puede que no las encuentre en ningún lado? Observo este universo, el que para muchos es el paraíso, que también lo era para mí, y que ahora aparece como un gran hueco nebuloso en medio de tanta fantasía. Observo a las personas, observo todo lo que está a mi alrededor. El viento pega fuerte. No llueve, pero la humedad hace que varias mujeres estén al borde de la desesperación. Eso parece tener gran importancia en todos lados. La desesperación parte de lugares inesperados, mientras que algunas miradas tristes observan con admiración y resentimiento. Las calles colapsan, pero el mundo parece reducirse a cada uno. Muchos visten de traje, caminando apurados al ritmo que sacuden su muñeca izquierda para saber si están retrasados. Otros mueven sus cabezas en busca de algo que solo ellos conocen, mientras sus palabras salen amontonadas a un interlocutor que el resto no puede divisar. Los más pequeños se concentran en contar sus figuritas o desenvolver sus golosinas, tomados de la mano de su madre que intenta parar un taxi sin éxito.
Me pregunto si esto es lo que quiero y me respondo que no. Considero la idea de continuar aprendiendo para crecer y utilizar mis palabras para mostrarle esta realidad a los que por diversos motivos no pueden mirarla. ¿Será eso lo que vine a buscar? ¿Encontraré mis respuestas en las preguntas? Una vez aprendí que no es más hábil el que contesta, sino el que sabe qué preguntar. Eso me gusta y me alienta a continuar mi camino. Me da fuerzas.

Reflexioné y descubrí que la diferencia está entre observar y mirar. Puede observarse profundamente y carecer de un pensamiento que lo acompañe. Dejarse llevar por la imagen y caer atrapado en su mundo, a diferencia de involucrarse íntegramente en ella. Muchas dudas surgen en mí. No logro entender. ¿Seremos pensantes parcialmente? ¿Existen momentos en los cuales podemos abstraernos de ello? Recorro las calles. Busco algo que me anime a responder. Luces, ruidos, colores. Reconozco que la distracción se hace presente (aunque latente) cuadra tras cuadra, pero es mia la decisión de guiarme por ella. Trato de evadirla y concentrarme en mi objetivo.
Las personas desfilan delante de mí. Cada una porta un escudo para que tan crudo entorno no entre a arruinar sus días. Creo admirarlos. Entonces reconozco el motivo por el cual muchas personas como yo querían venir aquí. ¿La gran ciudad te enseña a abstraerte del mundo? Me concentro en entender si se trata de una realidad inventada, egoísmo, falta de interés, de comprensión o cierto bloqueo de la mente.
¿La máquina nos ha vencido? Siento, huelo, percibo. Redescubro la ciudad. Prefiero buscar mis propias respuestas. Entiendo cuánto más fácil es vivir en mi mundo. Más fácil y más feliz. Me pregunto si gano algo preocupándome por cosas que nunca voy a poder cambiar. Me pregunto si tengo que ganar algo. Tal vez yo simplemente no pueda ser feliz de la misma manera que muchos otros. ¿Es eso extraño? ¿Y si nunca encontrara una respuesta a esto? Me cuesta reconocerlo, esta mirada hace que me sienta mejor persona. Siento un vacío. Un fuerte dolor invade la boca de mi estómago. Reconocerlo me hace sentir peor. Me pregunto el motivo por el que siento culpa al darme cuenta que soy una buena persona.

Tuve un sueño. El mundo se dibujaba frente a mí. Lo miraba, pero seguía mi camino. Las figuras se desvanecían a medida que avanzaba. Corrí. Corrí con una velocidad que no poseía. Todo se volvía de un blanco pálido, con algunas combinaciones de grises. Por más que mi velocidad continuaba en aumento, no parecía estar llegando a ninguna parte. Sentí miedo y me detuve abruptamente. Ahí desperté.

Salí a la vereda. Solo salí, porque me encontré inmóvil en ella. El frío congeló mis ideas y me dejé llevar tan sólo por la vista. Descubrí cosas que nunca antes había visualizado. Cruces de miradas cálidas, expresiones de preocupación en dirección a un indigente, personas ayudando a una señora que sin querer había tropezado, un joven guiando a un no vidente. Un sin fin de solidarias situaciones se presentaron a mi alrededor. ¿Y si ese era mi sueño?
El frío cesó. Una sonrisa acompañada de una lágrima apareció en mi rostro. Fue un soplo con el cual mi cuerpo entró en estado de ebullición. El mundo me abrazaba. El mundo que creí egoísta, el mismo que tenía frente a mí todo el tiempo. El que juzgué por lo mismo que me estaba dando esa alegría.
Entendí. Entendí que el bloqueo lo tenía yo, que estuvo ahí todo ese tiempo. Ese encierro tan fuerte de querer encontrar algo y ser incapaz de ver que en realidad ya existe.
No me sentí mal al descubrirlo. Tampoco pensé en dejar de preguntar. Hoy esto forma parte de mi pasado. Pasado que hoy marca mi presente. ¿Lo marca de verdad? Probablemente, si no lo hubiese escrito, me hubiese olvidado de que alguna vez me detuve a pensar esto.
Mi vida continuó su curso. Nunca más pude dejar Buenos Aires, aquella ciudad que tanto misterio trajo a mi vida, la misma que me crea pensamientos que se vuelven tan fuertes, que se vuelven fugaces y yacen en el tiempo.

4 comentarios:

  1. muy bueno! una parte creo que ya la habia leido hace un tiempo que me la habias mandando. pero igual, me encantó.

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  2. me encanto kar !!
    felicitaciones x este.. y los demas!
    sos mi blog mas visitado jaja
    te quiero

    la rubia

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